Seis millones de familias españolas conviven con viviendas con deficiencias graves: el eslabón débil del mercado inmobiliario

17/11/2025 - ⏱ 2 min

Este artículo tiene un propósito meramente informativo y no constituye, en ningún caso, una recomendación ni asesoramiento de inversión.

El debate sobre la vivienda en España suele girar en torno al precio, el acceso al alquiler o la falta de parque público. Mucho menos visible, pero igual de determinante para la economía y para el propio sector inmobiliario, es la calidad física del parque residencial. Hoy, cerca de una cuarta parte de los hogares españoles —más de seis millones de familias— viven en inmuebles con humedades, instalaciones anticuadas o deficiencias graves en aislamiento térmico y acústico, según el Instituto Nacional de Estadística, citado en el nuevo Plan Estatal de Vivienda y en un reciente análisis publicado por elDiario.es el 15 de noviembre de 2025.

España cuenta con aproximadamente 27 millones de viviendas. Más de la mitad, en torno a 14 millones, se construyeron antes de 1980, cuando no existían normas de eficiencia energética.

Ese envejecimiento masivo del parque residencial se traduce en patologías constructivas, problemas de confort y un mayor coste energético para los hogares. Mientras que en España el 23 % de los hogares viven en viviendas con deficiencias graves, la media europea se sitúa en torno al 12 %, lo que evidencia un diferencial estructural tanto en calidad como en resiliencia del parque inmobiliario.

A esta realidad se superpone la dimensión energética. Distintos análisis impulsados por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) apuntan que más del 80 % de los edificios y viviendas españoles obtienen una calificación energética E, F o G, es decir, se consideran ineficientes desde el punto de vista del consumo de energía.

La nueva Directiva europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) plantea que, en la próxima década, el conjunto del parque residencial deberá converger hacia letras de calificación significativamente más exigentes, lo que implica inversiones cuantiosas en aislamiento, instalaciones y sistemas de climatización.

Sobre el papel, el marco de ayudas públicas es ambicioso. Los fondos Next Generation de la Unión Europea reservaron 5.500 millones de euros para el Plan de rehabilitación de vivienda y regeneración urbana, canalizados a través del Componente 2 del Plan de Recuperación.

El objetivo gubernamental es alcanzar unas 510.000 actuaciones de renovación de viviendas hasta el segundo trimestre de 2026, combinando rehabilitación energética, accesibilidad y mejora del entorno urbano.

Sin embargo, la ejecución avanza más lenta de lo previsto: a cierre del primer trimestre de este año solo se había ejecutado alrededor del 42 % de los fondos destinados a rehabilitación, pese a que el Ministerio había transferido en torno al 80 % de los recursos a las comunidades autónomas, donde se concentra el embudo administrativo.

Expertos reunidos recientemente por el think tank Alinnea, en la presentación del informe “Propuestas para impulsar la renovación de edificios y su descarbonización”, apuntan varias causas de esta brecha entre necesidad y ejecución: falta de demanda efectiva pese a la magnitud del problema, escasa concienciación sobre el retorno de la rehabilitación, dificultades de solvencia y liquidez en los hogares más vulnerables y complejidad en el acceso a las ayudas.

El mismo trabajo recuerda que alrededor del 85 % del parque inmobiliario español presenta baja eficiencia energética, con un horizonte de reducción del consumo del 16 % para 2030 y de hasta el 22 % para 2035, objetivos que exigen una movilización conjunta de recursos públicos y privados.

La consecuencia es un círculo vicioso que afecta tanto a las familias como al propio sector inmobiliario. Para los hogares, las deficiencias estructurales y energéticas se traducen en peor salud, mayores facturas y menor confort. Para el sector, suponen un stock de activos que, sin inversión, tenderán a depreciarse, enfrentarse a restricciones regulatorias más estrictas y volverse menos atractivos para inquilinos e inversores institucionales en un contexto de creciente escrutinio ESG.

Desde la perspectiva inmobiliaria, el reto de la rehabilitación abre, al mismo tiempo, un capítulo de oportunidades. La existencia de millones de viviendas con necesidades claras de intervención configura un mercado potencial para operadores especializados en rehabilitación integral, empresas de servicios energéticos y gestores capaces de estructurar proyectos a escala de edificio o de barrio. Los programas públicos —desde las líneas de rehabilitación del Plan de Recuperación hasta los futuros planes estatales y autonómicos— buscan precisamente catalizar esa inversión, aunque su impacto dependerá de la capacidad de simplificar procedimientos y de diseñar esquemas de financiación asumibles por comunidades de propietarios con perfiles de renta heterogéneos.

En este contexto, los vehículos de inversión colectiva y, en particular, el crowdfunding y el crowdlending inmobiliario pueden desempeñar un papel relevante en la canalización de capital hacia proyectos de rehabilitación. La posibilidad de financiar actuaciones de mejora energética, accesibilidad o refuerzo estructural en edificios residenciales, con flujos de retorno basados en ahorros energéticos, incrementos de renta o plusvalías en la revalorización del activo, encaja con la lógica de proyectos de tamaño medio que a menudo quedan fuera del radar de las grandes gestoras. No obstante, este tipo de operaciones exige una evaluación técnica rigurosa, una gestión compleja de las comunidades de propietarios y una coordinación estrecha con las ayudas públicas disponibles, lo que las sitúa en un segmento más sofisticado del mercado inmobiliario alternativo.

La fotografía que dibujan los datos es nítida: España combina un fuerte dinamismo inversor en segmentos como la vivienda en alquiler o el “living” con un parque residencial muy envejecido y con carencias estructurales y energéticas significativas. La cuestión no es solo cuántas viviendas se construyen o a qué precio se compran y se alquilan, sino cuántas de las ya existentes garantizan realmente unas condiciones adecuadas de habitabilidad y eficiencia frente a los estándares europeos que se avecinan. La capacidad del sector inmobiliario para abordar esta “otra crisis de la vivienda” —la de la calidad y la rehabilitación— será uno de los factores que condicionen la competitividad del mercado residencial español en la próxima década, tanto para los residentes como para el capital nacional e internacional que busca exposición a largo plazo en activos de vivienda.

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Disclaimer: Esta publicación es meramente informativa y no debe interpretarse como consejo de inversión.